Consejos para no precipitarse: piensa antes de hablar...o de escribir

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Parece evidente y totalmente lógico el mensaje del citado aforismo. Piensa antes de abrir la boca o de escribir. Lo que no es tan obvio es que lo practiquemos. El control de la emisión del mensaje es quizá uno de los pocos ámbitos sobre los que tienes como persona un poder absoluto. No importa si hay estímulo al que responder o no. Lo único cierto es que depende exclusivamente de tí emitir el sonido o dejar por escrito el mensaje. A partir de que hablas o de que aprietas enter y envias el mensaje, tu control sobre la situación y las consecuencias cae dramáticamente. Entiendo que es complicado morderse la lengua en una conversación, especialmente si el tema es de interés para nosotros, o contra natura no darle al enter y enviar el mensaje de tono soliviantado que podemos haber escrito de manera casi compulsiva. Pero amigo, date cuenta que sí que somos capaces de controlar casi siempre nuestra respuesta hacia nuestros superiores en la jerarquía, y sin embargo no somos tan cuidadosos cuando se trata de compañeros o subordinados. El porqué parece evidente, pero lo que me hace rebelarme intelectualmente es por qué no siempre podemos ejercer conscientemente ese control. Quizá en el fragor de la discusión ese autocontrol es una quimera, pero te sugiero una técnica que sí puedes aplicar como filtro, al menos en la comunicación escrita. Ante un estímulo que te provoca un impacto negativo o desagradable, en vez de descolgar el teléfono, o salir de estampida en busca del "agresor", prueba a enviarle un mail y escribe en él todo lo que piensas; seguramente en la traducción del pensamiento a la letra empezarás a ordenar los hechos, calibrarlos y priorizarlos por su real importancia. Aún así es posible que el tono del mail siga siendo de los que consigan que no te inviten a más cumpleaños. Intenta refinarlo, o si no, simplemente mándalo a Borradores, y reléelo más tarde. Entonces, valora la conveniencia de la respuesta. Si decides enviarlo, el tono más objetivo que, después de varias revisiones, habrás conseguido, seguro que logrará un efecto más eficaz. Y si decides no enviarlo, al fin y al cabo te has dado el gustazo de desahogarte, y sin consecuencias. Win, win.