¿Cuánto te preocupa el futuro? La paradoja de Giddens

A las personas les cuesta otorgar al futuro el mismo nivel de realidad que al presente. Por eso los jóvenes también fuman, cuando los saben, y por eso, siguen consumiendo los combustibles, y esto es más importante que eso. A esta desconexión entre las recompensas del presente y las amenazas del futuro futuro es a lo que se llama " paradoja de Giddens ", pues es el idioma británico del mismo nombre que la enunciación. En esta línea, Kahneman descubrió que la probabilidad de sobrevalorar las probabilidades de que suceda algo poco probable, y sin embargo, subestima las probabilidades de que ocurra lo más probable (por ejemplo, un accidente de tráfico).

Ahora bien, pretender no cambiar en una sociedad que evoluciona hacia un estado de incesante transformación e incertidumbre, parece una tarea titánica y de resultado incierto. En expresión de Bauman , la planificación, la planificación y la previsibilidad de la modernidad sólida, se ha transformado en movimiento, azar, indeterminación e imprevisibilidad de la modernidad líquida.

En cualquier caso, esta resistencia a los hábitos y nuestra conducta, no es tanto incapacidad para hacerlo, sino más bien resistencia simple en tanto que no encontremos un mejor motivo para llevarlo a cabo, lo que queremos saber. Esto es lo que el psicólogo Edward Tolman denominó "aprendizaje tardío" y consiste en que el transcurso de la vida todos los animales, incluidos los humanos, construyen un mapa cognitivo del mundo que les rodea, y que sirve para ubicar sus objetivos, de modo que, por ejemplo, aunque no seamos conscientes de ello, si ha encontrado un lugar por el que hemos pasado sin avisar lo haremos en cuanto exista tal necesidad.

El problema es como para que se produzca ese cambio y adaptación. Incluso la mejor oratoria y el razonamiento más impecable, con suerte solo produce las consecuencias meramente superficiales o efímeras en la audiencia, cuando no provocó un efecto de rechazo y resistencia, pues es tan la información que recibimos y tan interesada, que al final simplemente se suma al ruido existente.

Contaba con Alfred Hitchcock que a la edad de seis años, su padre, enfadado por algo que había hecho, en el envío a la comisaría de policía del barrio con una nota. El agente de guardia al leerla encerró Alfred en una celda, diciéndole: "Esto es lo que hacemos con los niños malos". A los pocos minutos lo soltaron, pero la experiencia no lo hizo nunca, y aprendió que para la diversión la conducta, no basta con los motivos, que apuntar a las emociones y alterar la experiencia individual. Por eso en el rodaje de sus películas más que explicar a los actores lo que perseguía, las provocaban las emociones que quería que interpretaran. Y así, en el rodaje de Treinta y nueve escalones, fingió haber perdido la llave de las esposas que unían a los protagonistas en su huida, Madeleine Carroll y Robert Donat , y los tuvieron esposados, una jornada antes de empezar a filmar. La actuación resultante fue lo más natural.

¿Razón o emoción? Nadie duda de que la emoción tiene un papel crítico en la toma de decisiones, y los estudios que aún existen que existen una poderosa relación entre el cerebro y el intestino, que influyen en nuestras decisiones, hasta el punto de vista del intestino como un segundo cerebro, con tantos millones de neuronas como el cerebro de un gato. La escritora Suzie Welch  propone un método para buscar ese equilibrio, sí lo hay, entre la razón y la emoción: la regla 10-10-10. ¿Cuándo no hay una solución a la vista que satisfaga a todos, se hace estas tres preguntas, ¿dentro de 10 meses?, ¿Y en 10 años?De este modo se combinan los intereses y sentimientos más inmediatos y demandantes, con las prioridades más profundas y relevantes, que de este modo se puede salir a la superficie y así contrastar la coherencia de unos y otras.

En cualquier caso, como afirmaba Theodore Roosevelt : "En cualquier momento, sea lo que sea, no lo hagas" En cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada" .

Publicado en La Vanguardia , 24 de julio de 2017

Ritos funerarios: La jauría humana

Según el INE cada día fallecen en España 1.084 personas, alguna más de las que vienen al mundo en ese mismo lapso de tiempo. Sin embargo, pese a su evidencia y cotidianeidad la muerte no es un asunto del que guste hablar, quizá porque como apuntaba el filósofo griego Epicuro “la muerte es una quimera, porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo”.

Pero lo cierto y verdad es que todos los días mueren congéneres con los que hemos tenido mucha, alguna o ninguna relación. El discreto y sentido dolor de sus allegados apenas se difunde más allá de un estrecho círculo de familiares y amigos. Salvo cuando el fallecido es alguien notorio, pues entonces se precipitan las glosas tanto enaltecedoras como críticas, según sea la filia o la fobia que se profese al difunto. Y sin duda que los recientes fallecimientos de Rita Barberá y de Fidel Castro, proporcionan ejemplos de esto último, pudiendo observar manifestaciones de uno y otro signo en ambos casos, sin que importe la distancia ni el régimen político vigente. El porqué de una u otra opción, siguiendo a Kahneman, estaría en la evaluación emocional que hacemos de la situación y que juega un papel clave en nuestras decisiones, o dicho de otro modo, el rabo emocional, mueve al perro racional.

Según la teoría de gestión del terror, desarrollada por Becker y Greenberg, el comportamiento humano está motivado por el miedo a nuestra propia muerte. Y en ese contexto cada concepción cultural nos proporciona seguridad ante la ansiedad, y una simbólica inmortalidad si vivimos de acuerdo a sus estándares. Por eso las personas responden positivamente ante quienes reafirman sus defensas culturales ante la ansiedad, y negativamente ante quienes amenazan esos mismos amortiguadores. Mejor que considerar la posibilidad de que nuestra visión del mundo o el principio moral es inválido, preferimos ver al transgresor como un demonio, y, consecuentemente, castigarlo. Según la hipótesis de estos investigadores, recordar a la gente su mortalidad, les motiva a mantener los paradigmas culturales que rebajan su ansiedad siendo especialmente benévolos con quienes los refuerzan, y especialmente punitivos con quienes los ponen en riesgo. Así, en el filme La jauría humana, veíamos cómo Robert Redford sufría la persecución irracional del pueblo, sin que el sheriff Marlon Brando pudiera defenderlo.

 

Y es que ya Freud sostuvo que la experiencia humana era una pugna continua entre el instinto de vida y el de muerte, hasta el punto que nuestro instinto de auto-conservación proyectaba la pulsión de muerte hacia afuera, hacia el otro. De modo que el “yo”, para defenderse de la ansiedad que la crítica le genera, activa mecanismos de autodefensa variados como el humor, la sublimación, la negación o el desplazamiento. Tanto es así que según el neurólogo Sapolsky, muchos evitan desarrollar úlceras a costa de provocárselas a los demás, pues uno de los factores que más ayudan a aliviar la carga del estrés, tanto para nosotros como para el resto de los animales, es hacer infelices a los demás, dirigiendo nuestra agresividad hacia otras personas.

El psicólogo Paul Slovic argumenta que la gente se forma opiniones y hace elecciones que expresan directamente sus sentimientos y su tendencia básica a buscar o evitar algo, a menudo sin saber que lo hacen. Y en este proceso debemos estar alerta, pues el mundo que imaginamos no es una réplica precisa de la realidad sino que está distorsionado por la intensidad emocional de los mensajes que nos llegan, su frecuencia y su cobertura mediática, ante lo cual es difícil resistirse y mantener la ecuanimidad.

Por eso, como decía la protagonista que cuidaba del anciano en la película Amador, dirigida por León de Aranoa, “sólo cuando estéis en silencio, escucharéis de verdad”. Winston Churchill, afirmó que “existen tres tipos de personas: las que se preocupan hasta la muerte, las que trabajan hasta morir y las que se aburren hasta la muerte”. Pero, cualquiera que sea la tipología del difunto y la opinión que de él tengamos, la música seguirá existiendo en nuestra mente aunque el instrumento ya no emita nota alguna.Publicado en Valencia Plaza, 1 diciembre 2016.

Nadie os echa(rá) de menos

 “El trabajo más exigente que he tenido ha sido peinarme el pelo”, afirmaba ufano  un tal James en una de las temporadas del reality Geordie Shore, del que tuvimos una versión española llamada Gandía Shore. Quizá este estereotipo fuera el que inspirara las recientes declaraciones de la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, cuando criticaba las prestaciones y salarios destinados a quienes, a su juicio,  no están suficientemente preparados, pues abandonaron los estudios al calor de la burbuja inmobiliaria, y después no se han reincorporado ni al mercado de trabajo, ni al de la formación.  Y esta posición la llevó hasta el punto de defender un salario mínimo inferior para estos desempleados, en lo que sería la evidencia de lo que afirma el protagonista del filme El Capital, de Costa-Gavras: “si no te respetan te pagan poco”. Cierto es que Mónica Oriol acabó pidiendo disculpas por esta opinión, y reconoció que “todas las personas tienen dignidad y valía, con independencia de su formación profesional”. Esto mismo ya lo afirmaba Samaniego, en su fábula titulada “El león con su ejército”, en la que critica a quienes creen que no es posible dar útil empleo a todas las personas.

La verdad es que con un paro registrado de 4,8 millones de personas, poca broma cabe. España se ha caracterizado en los últimos 30 años por unas tasas de desempleo estructural muy por encima de las de cualquier país desarrollado, y en ese tiempo no se ha dado con el remedio que lo solucione, salvo esporádicas mejoras coyunturales, y eso que contamos con las mejores escuelas de negocios del mundo, según todos los rankings.  Quizá pensemos que el problema se solventará solo, o al menos cuando nuestra decreciente tasa de natalidad, la más baja de Europa, y una de las más bajas del mundo,  acabe equiparando la población con el empleo demandado.  Tomás Burgos, secretario de Estado de Seguridad Social, afirma que para reducir el desempleo 1 punto –unos 167.000 puestos de trabajo- habría que rebajar “entre cinco y seis puntos” las cotizaciones sociales, y para compensarlo, el IVA tendría que ser del 29%. Sin embargo, en un estudio reciente del BBVA se defiende que con una reducción de cotizaciones de 3,5 puntos, y un IVA del 23% se crearían 200.000 puestos de trabajo en dos años. ¿Quién tiene razón? Lo que está claro es que los peores deberes son los que no se hacen, y entre tanto las personas tenemos que ganarnos la vida de algún modo.

Ahora bien, no podemos extrañarnos de encontrar visiones opuestas. Es más, cabría pensar que es lo habitual en estos tiempos, y ejemplos los hay en abundancia. Si el Informe de Caritas sobre “Empobrecimiento y Desigualdad Social” constata que España es el segundo país de la Unión Europea con el mayor índice de pobreza infantil, el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro no duda en quitar hierro al asunto; si Eurostat revela que las cinco primeras regiones de la Unión Europea por tasa de desempleo son españolas, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, se apresta a recordar que nuestro PIB crecerá al 1% en 2014, y el 1,5% en 2015; si  según Cristine Lagarde, el informe semestral de Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI) presenta a España con el riesgo de deflación más alto, el Banco de España lo considera remoto… Tal es la capacidad de interpretar la misma realidad con diferente sesgo, que si el video de campaña del PP para las elecciones europeas se titula “nadie os echa de menos” refiriéndose al PSOE, la versión a la contra de las juventudes del PSPV, no ha tenido que cambiar el contenido un ápice.

En efecto, sin mayor esfuerzo y con solo cambiar algunos fotogramas consiguen un contenido cuyo lema es igualmente “nadie os echará de menos”, refiriéndose al PP. En fin, para qué seguir, como afirmaba el personaje de Gregory Peck en Las nieves del Kilimanjaro, “empiezo a sospechar que el que un avión sea más veloz que el caballo, no supone que estemos mejorando”.

No obstante, mientras tanto la vida sigue, y como ocurre en cualquier organización, las mejores personas no pueden garantizan el éxito, pero una mala gestión de las mismas sí que puede asegurar el fracaso, porque la estrategia de recursos humanos es clave. Y un país no es diferente. Como expresa un refrán japonés, “ninguno de nosotros es tan inteligente, como todos nosotros juntos”, y por ello no podemos permitirnos el lujo de prescindir de nadie. Si pensamos, como apuntaba Samaniego hace 200 años, que es posible aprovechar lo mejor de cada uno para darle un empleo, estaremos construyendo el camino que contribuirá mejor que cualquier otra medida a redistribuir la riqueza y reducir la desigualdad. Como dijo el presidente norteamericano Woodrow Wilson: “no solo deberíamos usar todos los cerebros que tenemos, sino que deberíamos pedir prestados todos los que podamos”. Publicado en Valencia Plaza, mayo 2014 

Sé Director de Recursos Humanos por un día

El  5 de marzo en ESIC Valencia (Av. Blasco Ibáñez, 55), moderé la jornada "Ser Director de Recursos Humanos por un día". En ella, junto con otros prestigiosos colegas presentamos a alumnos de grado en qué consiste la función de Dirección de Recursos Humanos. 

Desarrollo:

  • 09:00, presentación de la actividad y del programa.
  •  Cristóbal Paus, Human Resources Director en Air Nostrum y Moderador de la Jornada
  • Mónica Gil, Directora de Recursos Humanos de Fermax
  • 11:00-11:30, descanso
  • Juan Montero, HR Manager Spain & Africa en Novus International
  • Silvia Cantarelli, Técnico RR.HH. en IVI (Instituto Valenciano de la Infertilidad)
  • 14:00, Evaluación de la acción y cierre

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Educación y poder (y II)

Informe PISA adultos.png

Publicado en Plaza Valencia, 22 de octubre 2013 . Pero si la educación es poder, ese poder también es individual en tanto que disponer de una adecuada formación amplia nuestras posibilidades de conseguir nuestros objetivos vitales. Decía el filósofo grecolatino Epicteto (55-135) que "acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación; acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado".

Porque como resumía el escritor británico Herbert Spencer (1820-1903)  "el objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás". Y es un dato práctico y objetivo saber que en España el paro es mayor cuanto menor es el nivel formativo alcanzado. Los datos del INE de 2012 así lo muestran: solo un 4,6% españoles con el grado de doctor están en paro, y un 15,2% de quienes concluyeron la enseñanza superior; en cambio quienes solo tienen los estudios primarios sufren un desempleo del 37,5%.

Por ello mismo no podemos dejar pasar los sucesivos informes de organismos internacionales, como PISA o PIAAC , que sitúan nuestro nivel educativo en la cola de los países desarrollados, y la tasa de abandono y fracaso escolar en el doble de la media europea, alcanzando el 30%. Y si esto es así y de manera consistente en las últimas décadas, cabe preguntarse si es que hay alguien interesado en que esta estrategia continúe muchos años más, quizá para siempre.

Como decía el activista político estadounidense Malcom X (1925-1965), "la educación es el pasaporte hacia el futuro, el mañana pertenece a aquellos que se preparan para él en el día de hoy", y ese esfuerzo debemos hacerlo en cualquier caso, independientemente de que el sistema institucional, sea cual sea este, nos dé mayor o menor margen.

 

 

Educación y poder (I)

 Malala Yousafzai

Malala Yousafzai

“Un niño, un maestro, un profesor y un lápiz, pueden cambiar el mundo. La educación es la solución”. Así se expresó en la ONU, Malala Yousafzai, la niña de 16 años que sobrevivió al ataque talibán a un autobús escolar en Pakistán en su línea de prohibir la asistencia a la escuela de las niñas y privarlas de su derecho a la educación. Un ejemplo más de que la pugna por controlar la educación no es un asunto cualquiera, y que no conoce ni tiempos ni fronteras. En nuestro país, el discutido ministro Wert, ha logrado que se apruebe recientemente una nueva ley de educación, respaldada exclusivamente por los votos del partido en el gobierno, y criticada por el resto de la oposición. Ley que a su vez sustituye a una anterior cuya aprobación contó con los mismos bandos, pero en posiciones contrarias. Y no es la primera vez, ni quizá la última.

La razón de esta perenne confrontación la podemos encontrar en la tercera acepción que la RAE prevé para el término educación: “instrucción por medio de la acción docente”. Que a su vez nos lleva a reflexionar sobre que “instruir”, según la misma institución, es “comunicar sistemáticamente ideas, conocimientos o doctrinas”. Y claro, la oportunidad de tener a un público cautivo al que inseminar gota a gota, día tras día, año tras año, unas determinadas ideas es una tentación irresistible, en especial para quienes pretenden dirigir los destinos de los demás. Porque si admitimos que, como refrendan numerosos estudios, nuestras creencias más profundas se instalan en cada uno de nosotros en los primeros años de nuestra vida, un sistema educativo que abarca en torno a 20 años en su versión más extendida es un mecanismo goloso para el poder. Y es que aunque reconozcamos en último término la libertad individual para procesar la información que se recibe, es evidente que en los primeros años de nuestra vida no disponemos de la lucidez y el criterio para discernir lo cierto, de lo sesgado. En relación con esto, Foucault (1926-1984) reflexionó sobre la escuela como expresión de mecanismos de poder, y de sus técnicas de “serialización” y jerarquización de personas, de los recursos humanos. De ahí la importancia de la cultura en la formación de la personalidad, y por ello el intento de controlar en la medida de lo posible los diversos elementos que la componen, desde el estilo político a la religión, pasando por las costumbres, la moral y las manifestaciones artísticas…Por ejemplo, Oliver Cromwell (1599-1658) que derrocó al rey de Inglaterra Carlos I, primer monarca occidental que fue ejecutado públicamente, solo permitía la impresión de aquellos libros que él había leído y aprobado personalmente. Al menos no los prohibía todos, como sucede en el filme Fahrenheit 451, dirigido por Truffaut (1932- 1984) y basado en la novela de Ray Bradbury (1920-2012), en el que el gobierno impedía leer porque de ese modo los seres humanos empiezan a ser diferentes, cuando el objetivo es que sean iguales, y por ello ordenaba la quema de todos los libros, que entraban en combustión a esos 451 grados Fahrenheit. Y esto no ha sido una excepción en la historia de la humanidad; filtrar la información que interesa y dejar pasar solo la que ayuda a conseguir nuestros propósitos, es algo connatural a los seres humanos en todos sus ámbitos de relación: familiar, laboral, de amistad, en la política…Publicado en Valencia Plaza, 22 octubre 2013.